martes, 17 de mayo de 2011

Ciudades con y sin palabras

Entre las «notas de una infancia» que Susan Sontag recogió en enero de 1957 en su diario, incluidas en Renacida (Mondadori), su mejor libro, me quedo con una, que transmite una extraña felicidad, en la que se recuerda leyendo tebeos en la consulta de un tal doctor Spain. Pensé que quizá en los ensayos que empezaba a escribir por aquella época, que agrupó en Contra la interpretación, habría alguno en el que hablara de cómic, pero solo en el dedicado a la «cultura camp» hay una referencia interesante, cuando destaca «la novela con grabados de Lynn Ward God’s Man».

Trabajo meticuloso

Lynn Ward (EE. UU., 1905-1985) llamaba a sus novelas con grabados, que publicó entre 1929 y 1937, «libros sin palabras», y realmente erancómic mudos, dibujados a blanco y negro, a veces expresionistas, a veces más líricos, impresionantes antecedentes de los álbumes de terror, que aquí publica La Cúpula, de Thomas Ott (Suiza, 1966).

En octubre, Art Spiegelman recuperó en una impecable edición las novelas de Lynn Ward, Six Novels in Woodcuts (The Library of America), y aprovechó para destacar su gran compromiso ético, su meticulosidad y el mimo que ponía en su trabajo.

A diferencia de Lynn Ward, que creía que las palabras limitaban la fuerza de las imágenes,Igort (Italia, 1958) se fue a Ucrania paradarle la palabra a quienes padecieron el régimen comunista, y de su experiencia surgió Cuadernos ucranianos. Memorias de tiempos de la URSS (Sins Entido), el álbum que más me ha golpeado en los últimos meses.

Pensaba que Igort era lo que los expertos en cine llaman «un artesano»: un buen profesional, de impecable factura pero con escasa impronta personal, querido al mismo tiempo por los productores, por los profesionales y por el público. Lo pensaba porque esa la impresión que me habían dado algunos de sus álbumes, como5, el número perfecto (Sins Entido), una novela de matones, una película de género negro, una ópera de perdedores, un enredo lleno de traiciones, vueltas de tuerca y sueños perturbadores dibujada con azul y negro sobre blanco, o como Fats Waller (Sins Entido), una historia llena de blues que podría convertirse en una rara película de los Coen.

La voz de los que no la tienen

Estaba equivocado. Igort puede realizar álbumes con carne y huesos, aunque la carne sea un trozo de piel de caballo comprada en el mercado negro que se ponía a secar, se cortaba en pequeñas tiras y se masticaban durante horas. Para acabar con los pequeños propietarios campesinos (y pequeño propietario era todo aquel que tenía cien metros de tierra y una vaca), Stalin decidió matar de hambre a los ucranianos, y contó, además, con la inestimable ayuda del frío. Lo consiguió: las cifras por millones que proporciona Igort son escalofriantes.

Los protagonistas y narradores de estos Cuadernos ucranianos, que aunque viven con dificultad recuerdan el pasado con espanto, sonfantasmas que dejaron el infierno y ahora están el purgatorio.

Edmond Baudoin (Francia, 1942) y Troubs (Francia, 1969) también viajaron para dar la palabra a quienes no la tienen: los habitantes de Ciudad Juárez, la fronteriza localidad mexicana asolada por la violencia: varios muertos por día, casi siempre mujeres.Cambiaban dibujos por sueños, y de esa experiencia, contada a dos voces y a cuatro manos, surgió Viva la vida (Astiberri), un álbum tan lleno de buenas intenciones como de tópicos rousseaunianos y altermundistas, que son los mismos tópicos solo que tras ponerse al día con las monsergas de Claude Lévi-Strauss.

Entre muchos álbumes intrascendentes, como El viaje (Astiberri), Edmond Baudoin ha publicado otros con cierto interés, como Ensalada de Niza (Astiberri), y uno muy bueno y muy emocionante,Piero(Astiberri), que cuenta la historia de dos hermanos inseparables que se aman con locura, que comparten su pasión por el dibujo, queuno decide sacrificarse para que el otro sea mejor, y cuenta la desesperación ante el descubrimiento de un mundo (ya sea la escuela o el negocio del arte) que no está regido por las leyes del amor, la familia acogedora o la fantástica naturaleza.

Un cigarrillo en la boca

Entre las sorpresas de Viva la vida, el descubrimiento de que Edmond Baudoin decidió embarcarse en el viaje y en el proyecto tras leer 2666(Anagrama), la última novela de Roberto Bolaño, quien aparece retratado y duplicado con un cigarrillo en la boca.

Brecht Evens (Bélgica, 1986) combina en su sorprendente novela Un lugar equivocado (Sins Entido), páginas llenas de palabras con páginas sin una sola palabra, y ambas formas me gustan. Lejos del compromiso humano de Igort y de Baudoin & Troubs, Brecht Evens cuenta historias de amores y desamores, de amigos y de rivales, en una noche urbana, con fiestas, música y discotecas, que parece eterna. Sus acuarelas más desnudas, iluminadas con el rojo, recuerdan, porque lo pretende, a algunos dibujos de Louise Bourgeois. Sus acuarelas repletas de color recuerdan, porque también lo pretende, a las telas de su compatriota James Ensor: personas amontonadas, carnaval y personas enmascaradas, esqueletos, alegría y pánico simultáneos, clima de cuento infantil solo para adultos, sensación de movimiento y certeza de que todo lo que aparece es premeditado y, al mismo tiempo, producto de una libertad autoconcedida que no tiene miedo a la diferencia.

Leyendo este brillante Un lugar equivocado, me acordé de Mijail Bajtin, el gran teórico del carnaval y la novela, amigo de Chagall (de cuya atmósfera pictórica también participa Brecht Evens), y que fue condenado al exilio interior por Stalin, que no se detenía ante nadie, por pequeño que fuera.