lunes, 23 de julio de 2012

La higa de Kiev


La Justicia ucraniana ?es decir el gobierno de Víctor Yanúkovich? ha vuelto a hacerle una soberana higa a la Unión Europea y la comunidad internacionalaplazando por tercera vez la vista sobre el recurso de casación presentado por Yulia Timoshenko, la ex primera ministra encarcelada desde octubre pasado.
Quienes creían que la postergación anterior, en plena Eurocopa, se debía exclusivamente al temor del gobierno a realizar la vista cuando medio mundo estaba pendiente de Kiev por el fútbol, acertaron sólo a medias.
La razón más importante ?ahora y ayer? es puramente táctica: Yanúkovich sabe que si Timoshenko agota todas las instancias judiciales en casa, su expediente irá al Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, donde con seguridad los jueces le darán la razón a ella y pondrán al descubierto la cacería política de la que es víctima.
El agravante, si los tribunales ucranianos ratificaran la sentencia contra Timoshenko y el caso pasara a Estrasburgo en estos días, es que la reivindicación de la gran rival de Yanúkovich ocurriría en plena campaña electoral. Las elecciones parlamentarias previstas para octubre pillan al gobierno en serios aprietos: de allí la reciente y demagógica ley para hacer del ruso una segunda lengua oficial en las zonas del oriente y el sur del país, con fuerte influencia rusa que constituyen el caudal principal de votos del gobierno.
Aunque hablar de elecciones libres allí es temerario, los sondeos prefiguranun virtual empate entre el partido del gobierno, llamado Regiones, y la alianza de la célebre prisionera. Pero hay un tercer grupo en liza, liderado por el campeón de boxeo Vitali Klichkó y aupado por la resaca contra el predominio de las dos fuerzas que manejan el poder desde la independencia, en 1991.
Yanúkovich está bajo una fuerte presión de la Unión Europea para cejar en el empeño pesecutorio contra su rival. Por ello se ha acercado cada vez más a Rusia, que le suministra tres cuartas partes del gas y el petróleo que emplea, y todo el combustible nuclear que usan sus reactores. El pretexto para encarcelar a Timoshenko fue precisamente un contrato de gas con Rusiaque se juzga lesivo para Ucrania, pero si lo fue, ¿cuánto más lesivo es hoy el estrecho vínculo con Rusia y el alejamiento de una Unión Europea a la que los ucranianos occidentalizados aspiraban a incorporarse más pronto que tarde?
 Los vínculos históricos (Rusia nació en Kiev y por lo menos desde fines del siglo 18 la potencia eslava gravita asfixiantemente sobre los ucranianos) no explican esto por sí solos. Lo que hay es una perversa intención de buscar protección extranjera para lograr la perpetuidad en el poder a cualquier precio. Aún al precio de ponerse bajo tutela de Moscú, algo que Yanúkovich dijo siempre que no quería y que al menos en sus primeros tiempos pareció evitar con un hábil juego de relaciones exteriores equilibradasde por parte de este país cultural, geográfica y políticamente partido.
En sus horas más aciagas y con extrema debilidad, la Unión Europea, a pesar de usar todas las armas, incluyendo la comercial, no ha podido intimidar a Kiev en las semanas recientes lo suficiente como para que cese la persecución a Timoshenko. El Presidente ucraniano intuye ?acaso con razón- que en este momento Moscú tiene más poder que sus críticos. En lo que se equivoca es en creer que esto le garantiza la victoria en octubre. Sólo un fraude ?con respaldo de Putin- puede darle esa garantía