lunes, 28 de mayo de 2012

Rusos, ucranianos y bielorrusos pueden compartir sin dar la espalda a nadie


Rusos, ucranianos y bielorrusos pueden compartir sin dar la espalda a nadie
09:41 24/05/2012
Mijaíl Pogrebinski* para RIA Novosti
A finales de julio de 2012 en Kiev se celebrará el Foro ‘La civilización de Europa del Este, buscando un camino’.
El evento, consagrado al Día de la Cristianización de Rusia, será presidido por el Patriarca de Moscú y de Toda Rusia, Kiril.
Se planea que en las labores del Foro participen el Metropolitano de Kiev y de toda Ucrania, Vladimir, el Metropolitano de Minsk y de toda Bielorrusia, Filaret, así como líderes y representantes de las religiones tradicionales, importantes personalidades públicas y miembros de las élites intelectuales y artísticas de Ucrania, Rusia, Bielorrusia, Serbia, Bulgaria y otros países.
Es evidente que ha llegado la hora de que en el espacio postsoviético se haga un balance de lo vivido y se evalúen las perspectivas de futuro de los pueblos de la región. En opinión del eminente politólogo Mijaíl Pogrebinski, la elección del camino a seguir ha de efectuarse en el marco de las existentes tradiciones culturales e históricas, dado que no tiene sentido subrayar que todos los pueblos de todos los países eslavos profesan la misma religión.
Por una serie de razones los debates sobre los caminos que se abren delante de una civilización se me antojan especulativos y carentes de estructura. Por lo menos, en Ucrania se suele recurrir a dicho dilema, al querer contraponer Europa y  Rusia. Mientras tanto, en Rusia estaríamos hablando de la elección entre la aproximación a Europa y la búsqueda de “un camino propio”. Esta contraposición tiene raíces históricas y se remonta a las opiniones de los occidentalistas y los eslavófilos, aunque, a mi juicio, ambos grupos eran de ideas profundamente europeas.

Un camino común con Europa
Nuestros países -me refiero a Ucrania, Rusia y Bielorrusia- en su proceso de evolución cultural cuentan con unos cimientos comunes que son, sin lugar a dudas, la cultura del mundo antiguo y los valores de la civilización judaico-cristiana, completados y modificados bajo la influencia de la Revolución Francesa. Su aportación a nuestro desarrollo la hicieron también la época de la Ilustración y la tendencia a la anomia propia del posmodernismo, incluida una oleada de secularización. Pero las bases y los ritmos de la evolución de los pueblos europeos son, en rasgos generales, muy similares. Al igual que en Europa, la legislación de nuestros países fija en calidad de prioritarios la observación de los derechos humanos, la libertad de conciencia, la forma de gobierno representativa, la libertad de prensa, etc.
Es verdad que a menudo algunos de estos principios y valores no se respetan, pero ninguna de las fuerzas políticas de peso pone estos ideales en tela de juicio.
Al mismo tiempo, es evidente que en una serie de aspectos la mayoría de las naciones europeas avanzaron más que nuestros pueblos y en la forma de gobierno democrática este avance ha sido más que considerable. No obstante, también recorrieron un camino más largo en el proceso de la degradación espiritual, basta con acordarse de algunas declaraciones de los representantes de la extrema derecha o la legalización de las bodas de personas del mismo sexo.

¿Eligiendo un camino para la civilización o barajando clichés obsoletos?
No nos parece relevante incluir en el concepto de “civilización” la unidad confesional de nuestros pueblos, entendiendo por ello la comunidad cristiana de los eslavos. A nuestro parecer, la consideración de este factor únicamente haría formular preguntas innecesarias.
Así, por ejemplo, Rumania, Bulgaria y Grecia son países ortodoxos, lo que no les impide ser miembros de la Unión Europea y de la OTAN, ni les impidió combatir durante la Segunda Guerra Mundial en el bando nazi. La “unidad ortodoxa” tampoco impidió que Rusia y Georgia se enfrentaran en un conflicto armado.
En Ucrania los partidarios de la integración europea suelen recurrir al concepto de la “elección de civilización” para argumentar la postura, de acuerdo con la cual Rusia no representa otra cosa que “un producto de la civilización asiática”, es decir “de todo lo retrasado, paleto, antimoderno, tendente al aislamiento y antiliberal…”.
Dicho cliché no fue formulado para estimular una elección racional, sino para generar un rechazo emocional de la civilización en cuestión. La civilización europea, por lo consiguiente, es considerada un polo completamente opuesto. Y todo eso ocurre a pesar de que en la actualidad se ha puesto de manifiesto una evidente crisis de las tendencias liberales del desarrollo.
El bando contrario, es decir, los partidarios de la cooperación con Rusia, hacen uso del concepto de la esta elección, para subrayar los valores de la “civilización ortodoxa” y la necesidad de la integración a base de ella de los tres pueblos eslavos, ruso, ucraniano y bielorruso.
En este caso también tiene lugar la contraposición de una civilización, la ortodoxa, a otra, la europea, no siendo esta última un fenómeno enemigo, sino simplemente ajeno a nuestros pueblos.

La importancia de preservar un espacio humanitario único
La primera postura, en realidad, más que promover la aproximación con Europa, lo que hace es abogar por la evasión de Rusia. Una prueba de ello consiste en que de facto se niegan los principios democráticos. Así, por ejemplo, los partidarios de la “integración europea” se oponen a que sea votada en referéndum la línea geopolítica que ha de seguir el país.
En el marco de la segunda postura se propone renunciar a las experiencias europeas a favor de un “camino especial” del desarrollo democrático y una unidad ortodoxa bastante abstracta, mientras que no todos los habitantes de Rusia, Ucrania y Bielorrusia profesan la religión ortodoxa.
Para nosotros, los ucranianos, es prioritario preservar la indivisibilidad del país y propiciar unas condiciones óptimas para su desarrollo. Nos hace falta asimilar, posiblemente de una manera selectiva, las experiencias políticas europeas, así como buscar nuevas posibilidades de integración con Rusia y Bielorrusia. A la vista de que estamos discutiendo hoy una encrucijada de civilizaciones, estamos atravesando una crisis en la motivación para la integración.
Nos parece sumamente importante preservar un espacio humanitario común que englobe diferentes culturas, lenguas y tradiciones religiosas.
No menos importante es realizar una intensa cooperación en la esfera económica, dado que un satisfactorio desarrollo de la economía serviría de garantías para un estrecho vínculo entre Ucrania, Rusia y Bielorrusia.
* Mijaíl Pogrebinski es Director del Centro de estudios de politología y conflictología de Kiev
LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI