lunes, 21 de mayo de 2012

El partido de la muerte' no fue contra los alemanes, fue un 'derbi' de Kiev (II)


Las formaciones de los equipos del Start y del Flakelf
Las formaciones de los equipos del Start y del Flakelf
El 9 de agosto de 1942 fue día de fútbol en Kiev. Las autoridades nazis y colaboracionistas aparcaron todas sus actividades para estar presentes en el estadio del Zenit y ver el partido entre el Start y el Flakelf. Ninguna autoridad aconsejó a los ucranianos que jugaran a perder, pero el temor estaba presente en toda la ciudad. Conocidos y amigos de los jugadores de la Panadería número 1 les aconsejaron que no fueran locos y perdiera el partido, que esa derrota nadie se la ha iba a echar en cara. Pero la decisión estaba tomada en el vestuario: jugar como siempre, darlo todo para ganar y, como mucho, no humillar al rival con una goleada.
Los ucranianos saltaron al campo con camiseta roja, pantalón blanco y medias rojas. La única que tenía, pero los colaboradores de los nazis susurraron a los mandos alemanes que aquella equipación era la misma que utilizaba la Unión Soviética. El Flakelf vestía igual que la selección alemana. Los germanos llegaron en un enorme bus, los ucranianos a pie. Las medias de seguridad eran mínimas, las ametralladoras, perros y aviones vigilando el estadio son fruto de la leyenda en la que acabaría convirtiéndose aquella tarde de agosto.
El primer gol, para algarabía de las autoridades, fue alemán, pero al descanso el marcador ya era 3-1 para el Start con goles de Kuzmenko y dos de Gonzarenko. La tensión se palpaba en el estadio. La nobleza de los jugadores alemanes era la cara contraria de una grada repleta de militares, muchos de ellos de permiso en Kiev y borrachos, que veían lo que pasaba en el césped y el 5-3 final para los ucranianos un acto de rebeldía. "Vais a morir", gritaban desde la tribuna.
Svecov, presidente del club oficialista, denunció que en las filas del Start había jugadores que eran un mal ejemplo para la nueva sociedad y que en el fondo eran propagandistas o agentes soviéticos
Al contrario de lo que se creyó durante mucho tiempo, en el terreno de juego la deportividad reinó y el árbitro, un teniente llamado Erwin, apenas tuvo problemas. La limpieza del partido no vio la luz hasta después de la caída del comunismo en la URSS.
El triunfo se celebró con vodka en el vestuario del Start y la fiesta ucraniana se trasladó al centro de Kiev con algún incidente entre jugadores y policías que estuvo a punto de acabar muy mal. La primera medida que tomaron las autoridades fue la de prohibir cualquier partido de fútbol entre nacionalidades diferentes. El Start volvió a jugar el 16 de agosto con el Ruch, el equipo ucraniano protegido por el régimen nazi: 8-0 para los 'panaderos'. Al día siguiente se iba a desatar el infierno.
Svecov, presidente del club oficialista, denunció que en las filas del Start había jugadores que eran un mal ejemplo para la nueva sociedad y que en el fondo eran propagandistas o agentes soviéticos. El 18 varios jugadores estaban en su trabajo en la panadería descargando harina cuando fueron llamados al despacho del director. Eso era normal, pero no quién les recibió. Un hombre vestido con el uniforme de la Gestapo estaba al otro lado de la mesa. Truscevic, Klimenko, Kuzmenko, Sviridoski, Pustini y Bakalin fueron trasladados hasta la cárcel situada en la calle Koroloneko número 33. Pasaron dos semanas encerrados antes de ser interrogados. Gonzarenko y Tjutsev, que el 18 no fueron a trabajar, fueron detenidos cinco días más tarde. Pavel Komarov no estuvo entre los detenidos, salió de Ucrania con la retirada alemana y su nombre fue enterrado por las autoridades soviéticas tras la Segunda Guerra Mundial, pero nadie jamás probó que denunciara a sus compañeros de vestuario.
Al 33 de Korolenko iban los acusados de delitos políticos; al 22 los de delitos comunes. La acusación sobre los futbolistas del Start fue política, no por robar harina en la fábrica, como aparece en algunos relatos. De los detenidos, siete eran jugadores del Dinamo de Kiev antes de la guerra y uno, Balakin, del Lokomotiv. Éste fue liberado; a los del Dinamo, el equipo del NKVD (Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos), se les acusó de ser espías soviéticos dejados en la capital ucraniana por orden de Moscú para organizar la resistencia y actos terroristas.
El 6 de septiembre cayó Nikolai Korotchik, que había estado oculto y que murió durante las torturas a las que fue sometido después de que en su casa se encontrara su acta de filiación al Partido Comunista y una veja fotografía con el uniforme del NKVD. Sus compañeros fueron trasladados al campo de concentración de Syrets. El trato no era horrible, por lo que nada hacía suponer que el 23 de febrero de 1943 sería el último día de vida de Trusevic, Kuzmenko y Klimenko.
Paul Ramdomski, comandante del campo de Syrets
Paul Ramdomski, comandante del campo de Syrets
En 1974, la Fiscalía de Hamburgo abrió una investigación sobre lo ocurrido con los jugadores fusilados y se pidió información al KGB. Los oficiales soviéticos citaron a Gonzarenko, que puso voz a lo que le contó Tjutsev, fallecido en 1959. En el campo de Syrets hubo una división de los prisioneros en tres equipos de trabajo: un grupo llevaba leña a la panadería, otro en una fábrica de carne y el tercero trabajando en las obras del patio de la sede de la Gestapo. Entre los dos primeros se estableció una especie de contrabando hasta que el pastor alemán del comandante del campo olfateó un trozo de carne y se lanzó a por él.
Un joven armenio de 21 años trató de alejar al perro, pero los ladridos alertaron a un oficial que comenzó a golpear salvajemente al armenio. El chaval, en su defensa arrancó un trozo de la capa de piel del oficial nazi. Este respondió con un disparo a bocajarro en la cabeza. En el lugar de la escena, el oficial y el comandante del campo, Paul Otto Radomski (que luego se hizo famoso por su crueldad en el campo de Haidari, cerca de Atenas), ejecutaron a varios prisioneros. Al resto, entre ellos Trusevic, Tjutsev, Kuzmenko y Klimenko, se les obligó horas después a formar en fila. Uno de cada tres fue obligado a dar un paso al frente. El elegido era ejecutado en el acto con un disparo en la frente. De los futbolistas, sólo Tjutsev escapó a la muerte.
En noviembre de 1943, el Ejército Rojo liberó Kiev. Uno de los primeros detenidos y que pasó por varios campos fue Georgi Svecov, el hombre que soñó con hacer un equipo poderoso en Kiev, pero su Ruch chocó con el Start, y que acabó denunciando a los ex jugadores del Dinamo de Kiev. Cuando fue liberado, y sin que nadie conociera ya quién era, su pasión por el fútbol le llevó a trabajar en las taquillas del estadio Nacional de Kiev.