lunes, 23 de mayo de 2011

El equipo que prefirió morir antes que perder

Los años 30 y 40 del siglo XX supusieron una de las etapas más oscuras en la historia universal, y el fútbol no quedó exento. En este medio ya comentamos en una ocasión la trágica leyenda de Matthias Sindelar, pero no fue el único caso. Esta es la historia de un equipo ucraniano, el FC Start, que se formó para combatir a los invasores nazis con lo que mejor sabían hacer y con lo único que disfrutaban, el fútbol, pese a que el resultado final ya lo conocían de antemano: la muerte.

Nos situamos en 1941. El III Reich continúa su demoledora expansión y, justo después de Polonia, llega el turno deKiev, la capital de Ucrania, en lo que suponía la entrada alemana en la URSS. No les fue muy complicado a los nazis vencer esa nueva batalla (muy al contrario de lo que sucedería poco después), y el 19 de septiembre los tanques alemanes hacen su entrada triunfal. Durante los meses siguientes la ciudad se convierte en un infierno: muerte, sangre, desesperación y pobreza invaden las calles de una capital convertida en una cárcel gigantesca de presos soviéticos sin ningún tipo de derecho y con la indigencia como único futuro.

En esa situación se encontraba Mykola Trusevych, portero y héroe del Dinamo de Kiev. El fútbol se había convertido en un deporte muy popular en la Unión Soviética, sobre todo en Ucrania y Rusia, y el Dinamo, en uno de los equipos punteros. Sin embargo, la nueva situación catastrófica hizo que no se concluyera la temporada del 41, y que, como muchos otros, el equipo ucraniano desapareciera.

Todo empezó en una panadería

Fue Iosif Kordik, de origen alemán, el iniciador de esta emotiva historia. El dueño de la panadería estatal número 3 de Kiev, fiel admirador del Dinamo, reconoció a Trusevychmendigando en la calle y, saltándose todas las leyes, decidió contratarlo como barrendero de su negocio. Pero la misión del guardameta no iba a ser tanto la de limpiar, sino la de buscar a sus antiguos compañeros de equipo para formar uno nuevo.

Fue así como, poco a poco, se fueron juntando varios futbolistas bajo el auspicio de la panadería que les ofrecía trabajo. En total, ocho ex integrantes del Dinamo de Kiev -Makar Goncharenko, Ivan Kuzmenko, Nikolai Korotkykh, Aleksey Klimenko, Mikhail Putistin, Mikhail Sviridovskiy, Fedor Tyutchev y, cómo no, Mykola Trusevych-, y otros tres del Lokomotiv de Kiev -Vladimir Balakin,Mikhail Melnik y Vasiliy Sukharev-, formaron el nuevo FC Start.

Pese a que la condición física de estos once hombres era deplorable -no tenían prácticamente nada que llevarse a la boca mientras trabajaban día y noche- y a que ni siquiera disponían de la ropa adecuada, el equipo comenzó a jugar, y a ganar, varios encuentros. El primero se disputó el 7 de junio de 1942 ante otro conjunto de Kiev, el Rukh, y la victoria fue por 7-2. Quince días después el FC Start ganó por 6-2 a una guarnición húngara y, ya el 5 de julio, a otra rumana por 11-0.

Tras vencer por 9-1 a un equipo de trabajadores del ferrocarril militar, llegó el primer encuentro ante un conjunto del ejército alemán, el PGS, al que derrotaron con comodidad (6-0). Los partidos continuaron a la vez que la fama del FC Start iba creciendo, y se citó un doble enfrentamiento ante el MSG.Walhúngaro, al que se ganó los dos encuentros: 5-1 y 3-2.

Los nazis veían al nuevo conjunto ucraniano como un peligro más allá del fútbol, pues su popularidad y, sobre todo, su simbolismo anti-invasor iban creciendo a pasos agigantados en una ciudad destrozada que vislumbraba un haz de ilusión con el deporte rey. Fue entonces cuando el Flakelf, conjunto formado por miembros de la Fuerza Aérea Alemana (la Luftwaffe) decidió retar al FC Start, convencido de su superioridad. El partido se disputó el 6 de agosto y, pese al juego sucio de los alemanes, el resultado fue de 5-1 a favor de los de la capital ucraniana.

Fue un durísimo golpe para la moral nazi, ya que la supremacía de la raza aria era una obsesión paraHitler. Los alemanes descubrieron a los jugadores escondidos en la panadería y se dictó la orden de perseguir e investigar a todos los integrantes del FC Start. Pero lo cierto es que también se les dio la oportunidad de jugar un nuevo partido, con la clara intención de demostrar esa superioridad racial. Nada más lejos de la realidad.

Revancha mortal

El 9 de agosto se anunció la revancha, en el repleto estadio Zenit. Las tribunas estaban ocupadas por oficiales nazis y las galerías por miles de ucranianos, custodiados por cientos de soldados. Los alemanes querían asegurarse la victoria: se reforzaron con futbolistas profesionales de su país para mejorar el equipo, designaron ellos mismos al árbitro -llegó al estadio con el uniforme de las SS- y advirtieron a los jugadores del FC Start de que les esperaría un severo castigo en caso de ganar.

Pero ya antes de comenzar el encuentro, los ucranianos, que pudieron vestirse decentemente gracias a la solidaridad de sus aficionados, dieron señales de que no iba a ser tan sencillo. Contrariando la orden de saludar con el brazo en alto al saltar al campo, los jugadores se llevaron el brazo al pecho y, en lugar de gritar Heil Hitler!, exclamaron Fizculthura!, eslogan soviético que proclamaba la cultura física. Los nazis enfurecieron.

El encuentro comenzó con un gol del visitante Flakelf, después de dejar a Trusevych sin conocimiento, pero el Start consiguió sobreponerse y se marchó al descanso con un 2-1 a su favor, con goles deKuzmenko y Honcharenko. En el intervalo, los de Kiev volvieron a recibir amenazas en su propio vestuario, lo que hizo que se replantearan el no salir de nuevo al campo, aunque finalmente desecharon la idea. "No tenemos armas, pero venceremos en la cancha a los fascistas bajo los colores de nuestra bandera", habría arengado Trusevych a sus compañeros. No importaba si se perdía la vida: había que humillar al ejército invasor.

La segunda mitad continuó como la primera, con superioridad soviética. Con el marcador en 5-3 se produjo una de las jugadas más impactantes de la historia del fútbol. El habilidoso zaguero Aleksei Klimenko regateó a cuantos rivales le salieron al paso, incluido el guardameta, pero en lugar de introducir el balón en la portería, se volvió y pegó un balonazo hasta el centro del campo. El estadio se vino abajo. Probablemente, el mejor gol jamás marcado.

Como sucediera con el baile de celebración de Sindelar ante las autoridades nazis, esta humillación, esta demostración de superioridad, fue demasiado para los alemanes. El comandante de ocupación alemán, Major Eberhardt, decidió abandonar el estadio completamente avergonzado. La sentencia de muerte estaba firmada.

Desenlace esperado

Unos días después el FC Start disputó otro encuentro, de nuevo frente al Rukh, al que se impuso por 8-0. Al final del partido, los jugadores regresaron a su panadería y ahí se encontraron con diversos miembros de la Gestapo. A Korotkykh, acusado de ser un agente soviético, le dispararon allí mismo. Los demás -excepto a Goncharenlo, Tyutchev y Sviridovsky, que escaparon milagrosamente- fueron trasladados al campo de concentración de Stiretz, donde más tarde serían todos fusilados.

Trusevich, el portero e instigador de toda esta historia, murió con su camiseta de portero puesta ante el pelotón de fusilamiento. "Podéis matarme a mí, podéis asesinarnos a todos, pero el deporte rojo nunca morirá", fueron sus últimas palabras.

Aún hoy, setenta años después, los propietarios de una entrada para aquel partido tienen derecho a un asiento gratis en el estadio del Dinamo de Kiev, el mismo en el que un monumento recuerda a los héroes del FC Start. La leyenda queda grabada en la frase que se lee debajo: "De la rosa sólo nos queda el nombre". El estadio Zenit, rebautizado posteriormente como Start Stadion, está presidido por una placa, esculpida en mármol, que reza: "A los jugadores que murieron, con la frente en alto, ante el invasor nazi".