martes, 23 de agosto de 2011

La prisión quiebra la salud de la dama naranja

El jueves tuvo que interrumpirse la vista del juicio contra la ex primera ministra ucraniana, Julia Timoshenko, líder de la Revolución Naranja de 2004, por sentirse indispuesta. El juez Rodión Kiríyev ordenó que la carismática jefa de la oposición sea sometida a un examen médico por facultativos del Ministerio de Sanidad ucraniano, pero ella exige que sea su propio doctor quien acuda a la prisión para tratarla.
Timoshenko, acusada de abuso de poder por firmar con Rusia un acuerdo del gas en enero de 2009, sin tener supuestamente atribuciones para ello, fue encarcelada el pasado 5 de agosto por desacato al magistrado. Se negó a ponerse de pie y le llamó «marioneta». La exjefa del Gobierno ucraniano está convencida de que detrás del actual proceso contra ella está el presidente del país, Víctor Yanukóvich, quien pretende así destruir todo atisbo de oposición y neutralizar su partido, Batkívshina (Patria), ante las legislativas del año que viene. Yanukóvich ganó a Timoshenko por muy escaso margen (3,5%) en las elecciones presidenciales del año pasado.
Desde el comienzo del proceso en junio, a la dama naranja le ha sido denegada la petición de utilizar abogados estadounidenses, también la libertad bajo fianza y ahora el juez ni siquiera permite que su médico pueda visitarla en la cárcel. Ella ha expresado el temor de que se produzca un intento de asesinarla dentro del centro penitenciario, razón por la que no se fía de los médicos oficiales.
Timoshenko «se siente muy mal en prisión», denunció el viernes su portavoz, Marina Soroka. Por su parte, el vicepresidente de Batkívshina, Alexánder Turchínov, aseguró horas antes que la ex primera ministra «tiene extraños hematomas por todo el cuerpo». Aunque por motivos diferentes, lo que está sucediendo con Timoshenko causa preocupación en la Unión Europea y en Rusia.
El portavoz comunitario de Exteriores, Michael Mann, dijo el viernes en Bruselas que «nos preocupan las informaciones sobre el deterioro de la salud de Timoshenko». Mann señaló que la UE ha solicitado a las autoridades ucranianas que su representante en Kiev pueda visitar en la cárcel a la ex primera ministra. Expresó también el deseo de que el juicio «sea justo, independiente y sin motivaciones políticas».
Polémica por el gas
En Moscú, sin embargo, lo que molesta es que se ponga en cuestión un contrato para el suministro de gas que Timoshenko firmó con el jefe del Gobierno ruso, Vladímir Putin, en enero de 2009, después de otra crisis que dejó sin suministro a muchos hogares europeos. El ministro ruso de Energía, Serguéi Shmatkó, mantiene que el acuerdo firmado con Ucrania «es legítimo y Timoshenko contaba con las suficientes prerrogativas para firmarlo».
El problema es que Kiev considera demasiado alto el precio del gas. La Fiscalía General sostiene que la entonces primera ministra «aceptó unas condiciones desfavorables» para Ucrania. El expresidente, Víctor Yúshenko, que testificó el miércoles en contra de su antigua compañera en la Revolución Naranja, estima «por las nubes» los actuales 450 dólares (312 euros) que, según él, Ucrania paga a Rusia por cada mil metros cúbicos de gas.
Rusia está dispuesta a revisar las tarifas a la baja, pero a cambio de toda una serie de concesiones por parte de Kiev: fusionar la compañía de gas ucraniana Naftogaz con la rusa Gazprom, poner los gaseoductos ucranianos bajo control de Moscú, permitir al capital ruso adquirir empresas estatales en territorio ucraniano y la incorporación de Ucrania a la Unión Aduanera de la que forman parte Rusia, Bielorrusia y Kazajstán. Así se lo expuso el presidente Dmitri Medvédev en el balneario de Sochi el pasado 11 de agosto, pero Yanukóvich rechazó las condiciones por considerarlas un atentado contra la soberanía de su país.
El actual presidente ucraniano, que basó toda su campaña en la necesidad de una mayor integración con Rusia, firmaba el viernes un artículo en el diario 'Zérkalo Nedeli' manifestando que «el futuro de Ucrania está en la Unión Europea». Admite la necesidad de unas buenas relaciones de vecindad con Rusia, pero subraya que «los valores europeos serán la base de nuestro desarrollo».
Si lo que está sucediendo con Timoshenko no estropea las relaciones con Bruselas, Ucrania deberá firmar antes de final de año un gran acuerdo de libre comercio con la UE. Mientras, sobre el horizonte surge la amenaza de una nueva guerra del gas con Rusia, cuyos dirigentes habían depositado grandes esperanzas en Yanukóvich.