
Un policia ruso, en el estadio Luzhniki de Moscú.
El Este está de moda futbolísticamente hablando. No es casualidad que los clubes rusos y ucranianos empiecen a resultar atractivos para jugadores que nunca antes se hubieran planteado militar en este tipo de ligas. El reclamo no es otro que la mejoría en el aspecto deportivo y, sobre todo, las contraprestaciones económicas. Rusia y Ucrania han trasladado su poderío económico a los terrenos de juego y de repente su presencia en las competiciones europeas ha alcanzado cotas desconocidas desde hacía años.A golpe de talonario y amparados por poderosos patrocinadores, los clubes del Este se están ganando, si no un puesto privilegiado, sí el respeto del resto de equipos del universo UEFA.
El Shakhtar Donetsk no es más que la punta del iceberg, el máximo representante del auge de los conjuntos rusos y ucranianos. Tras endosarle a
El multimillonario ruso, otro de los magnates que se han hecho un hueco en el mundo del fútbol, ocupa el puesto 148 en la lista Forbes gracias a los cerca de 5.200 millones de dólares de su cuenta corriente. Ajmetov se hizo con las riendas del Shakhtar en 1996 y las inversiones económicas que ha concedido han resultado determinantes para el reflote del equipo y la inauguración el pasado año del Donbass Arena, su nuevo estadio de 175 millones de euros. Pero si hay una fortuna rusa influyente, ésa es la de Roman Abramovich. El dueño del Chelsea se mueve como pez en el agua en el mundo de los negocios y aunque en Europa su poder es indiscutible, le tira su país. Por eso no se descarta que apoye económicamente a Rusia para su reconversión de cara al Mundial de Fútbol de 2018.
Pero no solo el Shakhtar pisa fuerte en Europa. El Rubin Kazan, equipo revelación de la liga rusa, no ha superado la fase de grupos de
El dinero llama y los brasileños responden
Sorprende también la cantidad de jugadores brasileños que han aterrizado en tierras rusas. El nivel deja que desear, así que eso no es lo que cautiva a los cariocas. El dinero llama y ellos responden. El Shakhtar cuenta en sus filas con Douglas Costa y Luiz Adriano, dos brasileños que se han convertido en figuras del equipo ucraniano. El Anzhí era un equipo desconocido ya no solo para los aficionados, sino también para los propios jugadores, pero cuando la cantidad de euros que se pone encima de la mesa es considerable, parece que cualquiera puede salir del anonimato. Tras la noticia de que Roberto Carloscambiaba el Corinthians por el conjunto de la república norcaucásica de Daguestán, el joven Jucilei Da Silva, pretendido por otros clubes europeos, también ha fichado por el Anzhí. ¿La respuesta? 10 millones de euros.
Otro ejemplo. El Dnipro ucraniano, cuarto en su liga y dirigido por Juande Ramos, tiene cerrado el fichaje de Giuliano. El brasileño, procedente del Inter de Brasil, fue campeón de
Gracias al dinero, los equipos rusos son una suculenta alternativa para técnicos y jugadores. Ya se equiparan a las ligas europeas y por eso, ya está previsto que para la próxima temporada adapten su calendario al del resto de Europa. En lugar de jugar de febrero a noviembre -condicionados por la climatología-, lo que suponía una desventaja para ellos en las competiciones europeas al no llevar el mismo ritmo, lo harán como el resto de países, con un parón invernal.
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