sábado, 17 de septiembre de 2011

Bielorrusia devalúa y el régimen se debilita aún más

La actividad de la industria nuclear se reanuda en la región

Antonio Sánchez-Gijón.– La última dictadura en suelo europeo, Bielorrusia, se encuentra en la misma indeseable situación que Grecia: tener que ser rescatada por poderes ajenos. Hasta ahora venía siendo ayudada financieramente por algunos bancos europeos y por Rusia. Bielorrusia fue importante para Rusia desde un punto de vista geopolítico, mientras Ucrania se mantenía en la esfera occidental. Ahora que la Ucrania del presidente Yanukovich está de nuevo a partir un piñón con Moscú, el papel de Bielorrusia se ha devaluado significativamente, lo que no quiere decir que Rusia la vaya a dejar caer, pero sí que le apretará las tuercas, por ejemplo, presionándola para que privatice industrias nacionalizadas en las que Rusia tiene interés especial. Por otra parte, los bancos europeos han empezado a retirar su apoyo a Lukashenko, forzados moralmente por la oposición al presidente, por lo que éste corteja ahora al Fondo Monetario Internacional.

Energía NuclearEl rublo bielorruso cotizaba en mayo pasado a 3.155 por $1. El gobierno, ahogado en deudas y con las reservas al mínimo, declaró su libre convertibilidad. No tardó mucho en depreciarse a 4.930 por $1. A mediados de septiembre cotiza ya a 8.600/$1, En lo que va de año la inflación se ha disparado un 50%. En junio Bielorrusia obtuvo una ayuda económica de $3.000 millones de Rusia y otros países de la zona ex soviética. Extrañamente, hasta el pasado agosto Bielorrusia obtenía capital extranjero a través de negociaciones con el Royal Bank of Scotland y otros bancos: $1.850 millones en el último año. A primeros de agosto el RBS, bajo presión y denuncias de movimientos de derechos humanos, anunció que suspendía sus operaciones crediticias a favor de Bielorrusia. Ahora el presidente Lukashenko busca desesperadamente un préstamo de $8.000 millones que cubra en parte el déficit comercial del 2010, de $9.300 millones. La actividad comercial se ha desplomado y la inflación ha subido un 40% en lo que va de año.

Gran parte de los males vienen de la "burbuja electoral" creada por el propio Lukashenko para afrontar la campaña electoral de 2010, que le había de dar su cuarto mandato. El primero lo había inaugurado en 1994, y fue llevado al triunfo por una campaña personal contra la corrupción. De cara a las últimas elecciones, Lukashenko decretó alzas salariales y ordenó a los bancos prestar grandes cantidades de dinero para activar una economía pesadamente dependiente de industrias nacionalizadas. Lukashenko ganó las elecciones bajo sospechas de fraude; la Organización Europea de Seguridad y Cooperación (OSCE) denunció múltiples irregularidades. La oposición llevó a cabo masivas protestas que fueron duramente reprimidas.

Centenares fueron encarcelados, y se abrió juicio por "vandalismo" contra un puñado de ellos. La OSCE también fue castigada: sus oficinas de Minsk fueron cerradas por el gobierno. Los manifestantes dieron en reunirse semanalmente en la plaza Oktiabr, contentándose con prorrumpir en aplausos, lo que es respondido con brutalidad por la policía, que se lleva detenidos algunos de ellos. Los opositores más recalcitrantes son condenados a largas penas.

Lukashenko ha reformado la constitución cuando le ha convenido. En 1996 un referéndum le dio poderes extraordinarios sobre el parlamento. Otro referéndum, en 2004, levantó la restricción constitucional de un máximo de dos mandatos para cualquier presidente. Las elecciones parlamentarias del 2008 dieron todos los escaños a su partido.

Contrabando con Polonia

Con una renta per capita de unos $5.500, los belorusos deben ingeniárselas para sobrevivir. Una de las actividades estrella era el contrabando de gasolina a Polonia; la gasolina, de origen ruso, está fuertemente subsidiada dentro de Bielorrusia, y al pasar clandestinamente a Polonia deja beneficios a millares de familias que se atreven a cruzar. Lo mismo ocurre con otros productos de industrias nacionales, igualmente subsidiados por el estado.

La Unión Europea no le ha plantado cara seriamente a Lukashenko: sólo a primeros de año le excluyó del visado europeo junto con algunos de sus compinches, sin duda de resultas de la escandalosa represión de los otros candidatos presidenciales, sometidos a juicio por acusaciones especiosas. Sanciones impuestas anteriormente duraban lo que Lukashenko tardaba en tener necesidad de hacer un gesto conciliatorio de cara a Occidente, así, puso en libertad algunos disidentes después de que la Unión protestara porque, en 2002, la OSCE había sido expulsada por primera vez.

Belorusia mantiene un hilo de contacto con el mundo democrático gracias a Lituania, con la que el comercio es intenso. Vilnius se opone generalmente a que a su vecino del sur se le impongan sanciones. Se especula también con la posibilidad de que el gobierno lituano, por medio de su fiscal general, haya desvelado a Minsk las cuentas secretas de un opositor de Lukashenko, Ales Bialatski, mantenidas en Lituania para financiar su organización clandestina, Viasna. Minsk le acusa de evasión fiscal. Esta comunicación comprometedora fue hecha bajo la excusa de cumplir un acuerdo de cooperación contra el terrorismo, aunque el ministerio de Exteriores lituano se oponía. Lituania debe una explicación sobre este incidente.

La utilización de un instrumento legal contra el terrorismo para hacer viable la persecución de un opositor es tanto más inquietante cuando se esta celebrando en Minsk un juicio contra dos hombres acusados de haber perpetrado a primeros de abril un atentado contra el metro de la capital, que costó la vida a 12 personas y causó más de 200 heridos.

Los lituanos tienen sus propios motivos de alarma con respecto a Bielorrusia. Al parecer, el gobierno bielorruso va a aprobar pronto la construcción de una planta nuclear a 40 km. de la frontera lituana, con ayuda de Rusia. Rusia misma tiene en construcción una planta nuclear en Kaliningrado, el enclave en torno a la que fue la Königsberg alemana, patria de Kant. Lituania tuvo que cerrar su propia planta nuclear, de origen soviético, hace años, como condición para su ingreso en la Unión, pero se propone ahora construir una nueva en Visaginas. También Estonia se propone contruir un pequeño reactor y Finlandia se está dotando de otra más.

Tanta actividad nuclear en torno a Bielorrusia, que es un conducto obligado de tránsito del gas ruso hacia Europa, hace de esta región de nuestro continente un cruce de intereses nacionales, potencialmente inestable. La desaparición del régimen de Lukashenko y la llegada de la democracia a Bielorrusia constituirían una valiosa baza que compensaría a Occidente por la pérdida de Ucrania. ¿Está la Europa de la crisis del euro en disposición de afrontar los dilemas de la zona?