sábado, 13 de agosto de 2011

Inadmisible presión rusa sobre Ucrania

Fue en el contexto de otro atasco negociador entre Kiev y Moscú sobre las relaciones gasísticas ruso-ucranianas, cuando Putin estaba en su segundo mandato presidencial, la ocasión en que Sarkozy, presidente de Francia, censuró la “brutalidad” política de éste con los ucranianos.

Y es ahora, cuando Putin ya no es presidente aunque sí jefe del Gobierno, el momento en que se reproduce una situación muy semejante, por resistirse Ucrania a la pretensión rusa de que los precios del gas pactados por el propio Putin con la ex primera ministra Timoshenko –condenada por enriquecimiento ilícito– y a las alternativas políticas propuestas por Moscú.

Pero el Gobierno de Kiev, ciertamente pro-ruso, se resiste a tomar en consideración la contrapropuesta rusa de revisar la progresividad de precios pactados en el contrato anterior; todo ello a cambio de que Ucrania no sólo acepte ampliar el aforo para navíos rusos en la base de Sebastopol, además de la integración ucraniana en una suerte de unión aduanera con la Federación Rusa, y de la aceptación de las tesis del Kremlin en la disputa fronteriza que ambas partes mantienen en determinados puntos.

La aceptación de ese paquete de pretensiones rusas bloquearía la alternativa de Kiev de apertura a Occidente, lo que implicaría una inaceptable renuncia de soberanía para los ucranianos. Otra vez habría que hablar de “brutalidad” rusa. Ello es tan obvio que tanto EEUU y la OTAN apoyan la postura de Kiev; lo cual evidencia que la distensión entre Occidente y Rusia permanece estancada desde la eclosión del putinismo.

Así se constata en el punto muerto en que se encuentra el problema del escudo anti-misiles, sobre el que Moscú pretende imponer su propio modelo de seguridad compartida ante el riesgo de un ataque nuclear procedente del Este de los Urales. Ucrania vuelve a definirse, ante esta Rusia, como un problema a todo gas.