sábado, 30 de julio de 2011

Rapsodia kievita del Patriarca Kirill

Foto: RIA Novosti
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Con un llamamiento a conservar la unidad espiritual de los pueblos del espacio postsoviético y principalmente de las tres repúblicas eslavas – Rusia, Ucrania y Bielorrusia, ha concluido la visita del Patriarca Kirill a Kíev. El primado de la Iglesia Ortodoxa Rusa volvió a visitar Ucrania para celebrar en la costa del río Dniepr el Bautismo de la Rus (antigua Rusia), que tradicionalmente se festeja el 28 de julio.

Es la tercera vez en que el máximo jerarca de la Iglesia Rusa celebra el día de la adopción del cristianismo por la Rus de Kíev junto con los creyentes cristianos. En los tres días de la visita el patriarca ofició un tedéum junto al monumento al santo Príncipe Vladímir, tomó parte en la reunión del Santo Sínodo, celebró un oficio religioso en la Laura de Kíev y Pechora, sostuvo un encuentro con la Unión de Mujeres Ortodoxas y con rectores de diferentes centros de estudios superiores ucranianos y trató con el rebaño. Sin embargo, puede decirse que lo más importante de este viaje ha sido el encuentro histórico en tierra kievita de los primados de las Iglesias Rusa y Georgiana. El trato de los primados ortodoxos puede favorecer el establecimiento de la paz política entre los pueblos ortodoxos de la región caucásica –dijo el Catolicós y Patriarca de toda Georgia, Iliá II:

Debemos hacer todo lo posible para que se restablezca la amistad y la hermandad entre nuestros pueblos y Estados. Sobre nosotros, Su Santidad, recae una gran responsabilidad. Confío en su sabiduría. Lo conozco a Ud. hace muchos años. Usted debe pasar a la historia de Rusia y de Georgia como pacificador, como persona que trajo la paz a las relaciones entre los dos pueblos.

Los temas de la unidad de la fe ortodoxa entre los pueblos y el problema de la inadmisiblidad del deslinde espiritual fueron los principales de todos los días de la presencia del Primado de la Iglesia Ortodoxa Rusa en Ucrania. El Patriarca Kirill subrayó reiteradas veces que la comunidad espiritual de los pueblos ortodoxos, y más aún la integridad religiosa y cultural de los eslavos son uno de los valores más preciados del espacio postsoviético de nuestros días. La pérdida de este espacio –según el Patriarca Kirill, será testimonio de la pérdida no sólo de nuestras raíces históricas y religiosas, sino también de los principios morales.

Una división en la Iglesia significará que se ha perdido el amor – la única fuerza capaz de unir a la gente, que se ha perdido la tutela pastoral que dimana del jefe de la Iglesia – Nuestro Señor y Salvador. La división en la Iglesia es cierto indicador de la falta de fortaleza de la administración eclesiástica, y el estado espiritual de la gente, su capacidad de reunirse con Cristo, es el indicador del amor al Salvador y de unos a otros.

Estas palabras tienen hoy una actualidad especial para Ucrania y sus creyentes. Pese a que en la actual visita del Primado de la Iglesia Ortodoxa Rusa los partidarios del deslinde eclesiástico no realizaron manifestaciones de protesta contra el pastor moscovita, no obstante la cuestión de la unidad canónica aún está en la agenda. Junto con la Iglesia Ortodoxa Ucraniana del Patriarcado de Moscú, en Ucrania existen otras dos organizaciones religiosas. Últimamente, con el respaldo financiero y espiritual del Vaticano también se han activado los greco católicos, que sueñan con crear en Ucrania su patriarcado uniata.

La Iglesia Ortodoxa Rusa empeña enormes esfuerzos para restablecer la integridad eclesiástica en Ucrania y superar la división que ya lleva décadas. En particular, en la actual reunión del Santo Sínodo se decidió crear una comisión interconciliar espacial que se dedicará a armonizar la vida espiritual de Rusia y Ucrania. Esto puede ser uno de los pasos importantes para superar la división eclesiástica.

Otra resolución del Sínodo kievita 2011 puede ser calificada de verdaderamente histórica. Se trata de la adopción de un rito de oraciones para los familiares de aquellos que por cuenta propia se quitaron la vida. Hace mucho tiempo que nada semejante hubo en la Iglesia a nivel oficial, aunque existía tal necesidad.