domingo, 16 de octubre de 2011

Timoshenko, el símbolo democrático de una Ucrania en giro autoritario

Los abogados de Yulia Timoshenko anunciaron que recurrirán la condena la semana que viene.Foto: EFE
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La ex premier fue condenada a siete años de cárcel, la semana pasada, por abuso de poder.

Se trata de un duro golpe a la vía de las reformas democráticas y un paso hacia el aislamiento del país.
Yulia Timoshenko, la rubia de la eterna trenza, es el símbolo de la lucha de los demócratas ucranianos por quitarse de encima el yugo ruso -y su intromisión en los resultados electorales- y a la vez una figura controvertida.
Los jueces estimaron que se excedió en sus prerrogativas al firmar en 2009 el acuerdo gasístico con Rusia que puso fin a las continuas crisis de suministro que afectaron a Ucrania y a media Europa durante varios inviernos. Timoshenko, además, deberá pagar 142 millones de euros de multa y no podrá participar en la vida política durante tres años.

Las críticas le llueven a Ucrania desde toda Europa. El influyente diario polaco 'Gazeta Wyborcza' se preguntaba: "¿Quién llamó a Lukashenko -presidente bielorruso- el último dictador de Europa? Los optimistas. Un nuevo dictador ha nacido en Ucrania, sólo siete años después de la revolución pacifista que el mundo entero había recibido con satisfacción".

También hubo gruesas críticas desde la OSCE y la Unión Europea, que amenazó con suspender el proceso de negociación para la firma y ratificación del acuerdo de asociación y libre cambio que Kiev y Bruselas tenían previsto firmar a finales de este año. La condena también fue criticada desde Moscú, pues fue el primer ministro ruso Vladimir Putin quien firmó los acuerdos con una Timoshenko que con los años se había congraciado con el Kremlin.
Cae en la esfera de influencia rusa
El proceso contra Timoshenko es la confirmación de la deriva autoritaria de Ucrania, pero implica mucho más. En los límites entre la UE y Rusia se juega una batalla geoestratégica, la del futuro de la frontera oriental de la UE. Si Ucrania, con sus 50 millones de habitantes, cae en la esfera de influencia rusa, arrastrará a pequeños países como Georgia, Moldavia, Bielorrusia, Armenia... y tensionará a los miembros de la UE que queden en el borde: Polonia, las tres pequeñas repúblicas bálticas, Eslovaquia, Bulgaria...

Paralelamente, Moscú y Kiev negocian un acuerdo de unión aduanera que podría acelerarse si la UE suspende definitivamente las negociaciones con Ucrania tras la sentencia contra Timoshenko.
La rubia ex premier se convierte así en una pieza de un tablero mayor. Porque mientras Yanukovich, el presidente actual, intenta dar pasos hacia Moscú y hacia Bruselas, el Kremlin ya le ha hecho saber que no aprueba el proceso contra Timoshenko.

Ucrania paga el gas ruso a precios de mercado -y más caro que otros países europeos-. Negando legalidad a los contratos de suministro de gas firmado por Timoshenko, Yanukovich pretende renegociarlos, algo que va contra el interés de una Rusia que en cualquier momento -y el invierno se acerca- podría cortar de nuevo el suministro. Putin encontraría excusas de una día para otro.

La prensa de Europa del Este, que siga el caso al detalle, cree que Yanukovich equivoca la estrategia. El proceso contra Timoshenko le libra de competencia política para las próximas elecciones, pero hace de la ex premier la mártir de la lucha democrática y refuerza su papel como líder de la oposición.

Pero a la vez le enemista con el conjunto de los países de la UE, que recibían con alfombras mullidas a la modernizadora Timoshenko -que además aseguraba el tránsito del gas ruso por Ucrania hacia la calefacción de los hogares europeos-, a la que Bruselas empujó a firmar lo que Moscú le pusiera delante con tal de asegurar los suministros de gas.

Bruselas ni ha mentado la bicha, pero ya teme las consecuencias. Ucrania amenaza con denunciar a Rusia ante la Corte Internacional de Arbitraje de Estocolmo porque considera que el precio que paga por el gas ruso es excesivo y aquellos contratos firmados entre Timoshenko y Putin en 2009 son un fraude.

Si lo hace, Moscú cortaría el envío de gas a Ucrania, pero manteniendo el suministro que va hacia el resto de Europa y pasa por los gasoductos ucranianos. Kiev, como tiene costumbre, desviaría parte de ese gas para su consumo. Moscú, para evitarlo, haría como ha hecho normalmente: cerrar el grifo del gas y dejar media Europa tiritando en pleno invierno.

Kiev no parece asustado. El miércoles se ampliaron los cargos contra Timoshenko. Ahora está también acusada de "malversación o apropiación indebida de fondos públicos con el agravante de excederse en el ejercicio de las funciones públicas". El invierno promete ser frío y largo, para Yulia Timoshenko encerrada en un celda en Kiev y para millones de euros que podrían quedarse sin calefacción.
PARA EL TIEMPO
IDAFE MARTÍN PÉREZ
DESDE BRUSELAS