martes, 10 de mayo de 2011

Los vientres de alquiler se expanden

Ellas son la eterna incógnita de la ecuación, el personaje decisivo que nunca aparece en escena. Nos hemos acostumbrado ya a que algunos famosos tengan hijos sin que hayamos presenciado un embarazo, pese a estar pendientes de cualquier minucia de sus vidas: se convierten en padres de manera aparentemente súbita, como ha ocurrido ahora con Miguel Bosé, porque la mujer que ha gestado y parido a sus criaturas se encuentra muy lejos de los focos, al otro lado de un océano, en su propia casa y con su propia familia. Jamás la vemos. Las celebridades son solo la punta de un iceberg cada vez mayor, ya que la gestación subrogada, lo que se conoce popularmente como vientres de alquiler, está en alza en nuestro país pese a que la Ley de Reproducción Asistida la prohíbe de manera expresa. Parejas con problemas de fertilidad, matrimonios homosexuales y, cada vez más, padres solteros recurren a los servicios absolutamente legales que ofrecen otros países, sobre todo Estados Unidos, para hacer realidad su anhelo de tener descendencia.
Eso sí, la impresión que dan los famosos de convertirse en padres de la noche a la mañana es engañosa. El proceso resulta largo y muy complejo, además de extremadamente caro. «Es como una montaña rusa con muchos sobresaltos, alegrías tremendas y depresiones brutales. Aparte de las preocupaciones de cualquier pareja, afrontas las derivadas de los 10.000 kilómetros de distancia, con esas conversaciones a las tres de la mañana, y también las que tienen que ver con el sistema sanitario diferente», explica Antonio, un madrileño que mantiene en internet la plataforma Son Nuestros Hijos. Él y su marido decidieron recurrir a la subrogación después de comprobar las dificultades prácticamente insalvables para adoptar un bebé: el itinerario que pasa por una agencia, una clínica y un despacho de abogados -«trabajamos con los mismos que Ricky Martin», apunta con una sonrisa- les permitió abrazar por fin a su hija Manuela, gestada y nacida en California, la meca mundial de este tipo de procreación. «Supone un tremendo esfuerzo emocional, de tiempo y de dinero. El que es padre por este procedimiento es porque tiene unas ganas brutales. Es tu prioridad por encima de todo: del piso, del coche, de cualquier cosa», resume.
Contratar los servicios de una madre de alquiler no consiste solo en elegir a la mujer deseada en un catálogo y pagar la tarifa. Hay que solucionar todo lo referente al seguro médico, pasar evaluaciones físicas y psicológicas e incluso presentar certificados de antecedentes penales. Hace falta una clínica de fertilidad y, en muchos casos, una donante de óvulo -en la actualidad, es más rara la subrogación tradicional, en la que la gestante aportaba su propio óvulo y tenía, por tanto, un vínculo genético con el bebé-, y se firman unos extensos contratos que prevén al detalle todo lo que puede ocurrir a lo largo del embarazo, incluidas circunstancias tan lúgubres como la muerte de los padres antes del parto. «En 30 años, Estados Unidos ha vivido todo tipo de situaciones, así que está todo contemplado», asegura Sebastián Expósito, director de la agencia catalana Vientre de Alquiler, dedicada a asesorar a quienes optan por este procedimiento. El propio Expósito se convirtió en uno de los primeros padres solteros de España a través de un programa de gestación subrogada, también en California.
Concretemos: ¿cuánto cuesta? «La madre cobra entre 25.000 y 30.000 dólares, pero es un dato que invita a la confusión. A esa cantidad hay que sumarle los gastos de agencia, de fertilización, de donante de óvulo si se necesita, de abogado, de los seguros médicos privados... La media ronda los 100.000 dólares, pero puede variar 20.000 abajo o arriba», pormenoriza Expósito. Estos precios, inasequibles para buena parte de los bolsillos, han empujado a muchas parejas hacia otros lugares del planeta que admiten la subrogación, como Ucrania o, sobre todo, la India, donde el coste puede oscilar entre 30.000 y 40.000 euros. Sus clínicas reciben incluso clientela estadounidense, a la que le sale más barato que en su propio país. Pero el ahorro tiene sus contrapartidas: el país asiático despierta recelos en cuanto a las garantías para las mujeres y plantea complicaciones añadidas en materia legal. Además, en vista de que el descontrol había dado lugar a un notorio 'turismo reproductivo', sus legisladores están preparando una norma restrictiva que podría vetar a las parejas homosexuales. «En Estados Unidos, se establecen unos condicionantes y existe una seguridad absoluta para las mujeres. En otros países no es así, y muchas se meten en esto por necesidad económica o por presiones del marido o el padre. En la India no te dan ningún documento, no puedes demostrar que ese hijo es tuyo. Se producen situaciones muy dramáticas», comenta Luisa Notario, responsable del área de Familia de la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales.
Esposas de militares
Ciertamente, en Estados Unidos no todas las mujeres pueden alquilar su útero durante nueve meses. Las agencias establecen límites de edad, les exigen que ya hayan sido madres con anterioridad e incluso, en algunos casos, rechazan las rentas más bajas. Un curioso filón son las esposas de militares, que, con dificultades para encontrar empleos convencionales debido a los frecuentes traslados, tienen unos índices de gestaciones de este tipo bastante superiores a la media. «Nosotros recibimos entre 140 y 200 solicitudes de mujeres cada mes, pero echamos atrás el 93%», puntualiza John Weltman, presidente de la agencia Circle Surrogacy, con sede en Boston, que este año cuenta con diez parejas españolas entre sus clientes. Uno tiende a suponer que la principal causa de rechazo de las aspirantes serán cuestiones como el abuso de drogas o el ambiente familiar poco propicio, pero la realidad va por otro lado: «La razón más común es que el 40 o el 50% de las mujeres no está de acuerdo con el aborto o la reducción selectiva (en caso de implantaciones múltiples de embriones), y el 98% de nuestras parejas quiere reservarse ese derecho si el niño no está sano», aclara Weltman.
Vanessa, una joven hispana de la Costa Oeste, es una de las 'carriers' de Circle, sus 'portadoras', que es como se suele denominar en inglés a las gestantes. Está casada, tiene una hija de dos años -Elizabeth- con su marido Justin y lleva en su vientre otra niña, pero esta no es suya, sino de una pareja residente en un país donde no está permitida la subrogación. ¿No teme ese momento en el que, después del parto, tenga que separarse de la pequeña? «Este bebé no es mío, una mujer donó el óvulo y uno de los padres dio el esperma, así que yo solo estoy cuidándolo -argumenta-. Eso no quiere decir que no lo quiera, pero mi familia y yo entendemos que soy como la niñera: le estoy ayudando a crecer, igual que una incubadora, y soy consciente de que lo tengo que entregar. Creo que sería más difícil para mí ser donante de óvulo, porque siempre sabría que tengo en otro lado del mundo una parte de mí que no conozco». A Vanessa le rondaba la idea de convertirse en madre de alquiler desde los 19 años, cuando vio un reportaje sobre una pareja que no podía tener niños, y se animó a dar el paso en cuanto dio a luz a su propia hija: «Cuando la miré por primera vez, fue el mejor momento de mi vida. Eso influyó en mi decisión de ayudar a una pareja a tener esos mismos sentimientos. Nosotros somos muy felices juntos, y pienso que esa es una de las razones más grandes para querer ser madre subrogada».
En este mundillo, todos insisten en que el altruismo es más importante que el dinero, en que ayudar pesa más que cobrar. Vanessa no es una excepción: «Mi familia es de origen humilde, pero somos trabajadores y nunca nos ha faltado nada. Para mí la principal motivación fue ayudar a una pareja a tener un hijo propio: es el mejor regalo que se puede dar a una persona».
¿Y la pequeña Elizabeth? ¿Tiene opinión sobre todo esto? «Ella conoce a los padres y se lleva muy bien con ellos. Cuando nos visitaron, la trataron como a una reina: se sentó con ellos y les estuvo enseñando fotos de nuestra familia. A veces le tengo que explicar que llevo un bebé en la barriga, pero que solo lo estamos cuidando para unos amigos, y ella sonríe. Creo que está contenta de seguir siendo la única».
Controladora aérea
La relación entre padres y gestantes es un vínculo familiar sin precedentes que los implicados han ido definiendo sobre la marcha. Ricardo Lucas y su marido, Iván, son una pareja sevillana que, hace dos años, sumó préstamos de familiares y bancos para tener un hijo en Chicago. «Hemos acumulado unas deudas muy particulares, pero estamos encantados de la vida», explica Ricardo, que muestra un especial empeño en desmentir las ideas preconcebidas sobre las gestantes: «La nuestra, Jennifer, es controladora aérea y su marido tiene un restaurante. No lo hace por dinero, aunque a lo mejor sin dinero no lo haría, porque lógicamente merece una compensación por todo lo que supone un embarazo. También conocimos a la donante de óvulos, una estudiante de medicina estupenda». Tras el nacimiento, hay padres que se llevan al bebé y rompen todo contacto con la mujer que lo parió, pero resulta más habitual que la gestante quede unida de algún modo a la familia. «Nosotros estuvimos en el parto, yo corté el cordón umbilical... -recuerda Ricardo-. Después no sabíamos muy bien cómo actuar y le enviamos a Jennifer un ramo de flores, pero ella nos dijo que fuésemos a verla con el niño. Sus primeras palabras fueron: '¡Qué hijo más bonito tenéis!'. Lo viven con total naturalidad, es otra mentalidad. Ahora seguimos hablando por 'mail' y por teléfono y está invitada a venir a España. Todo nuestro entorno la conoce, ¡es la mujer que nos ha hecho padres!».
Los demás hombres que aparecen en este reportaje también mantienen la relación con las gestantes de sus hijos. «Susan es una amiga, pero también es como Dios para mí. Siempre estaré en deuda con ella», apunta John Weltman, el jefe de Circle, que tiene dos hijos adolescentes de la misma madre de alquiler. «Mantenemos una relación extraordinaria e incluso nos planteamos un segundo hijo -responde Sebastián Expósito-. En Estados Unidos hay mujeres con cuatro y cinco subrogaciones sin ningún prejuicio, ni trauma, ni problema. Es algo que a mí me sigue maravillando». Y Antonio, de Son Nuestros Hijos, da una pequeña lección sobre la flexibilidad del concepto moderno de familia: «La mayor parte de la gente continúa en contacto: unos utilizan la palabra 'madrina', otros la llaman 'gestante'... En nuestra casa le decimos 'surrogate', en inglés. Es una mujer fantástica, con dos hijas de 18 y 19 años. La tengo en Facebook y nos intercambiamos fotos, nos hacemos comentarios... Mi hija no tiene madre, sino dos padres. Pero, si hubiera que hablar de madre, el papel se reparte entre la mujer que donó el óvulo, la que la gestó y la que ahora la cuida mientras trabajamos».