martes, 8 de noviembre de 2011

Rusia y Alemania ponen en marcha el polémico gasoducto del norte de Europa

La canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente ruso, Dmitri Medvédev, han inaugurado hoy martes oficialmente el gran gasoducto báltico que une Alemania con Rusia. Concluye así la primera fase de construcción de la mayor infraestructura energética de Europa, cuyo presupuesto total alcanza los 7.300 millones de euros. A su rendimiento máximo, la capacidad del gasoducto Nord Stream superará los 55.000 metros cúbicos de gas por año a través de 1.224 kilómetros de tuberías dispuestas sobre el lecho del mar Báltico. Los exportadores rusos evitarán que su gas tenga que cruzar Ucrania y Polonia para el suministro de los mercados más lucrativos de Europa occidental.

A la ceremonia inaugural, que se ha celebrado en la pequeña localidad alemana de Lubmin, han asistido también el primer ministro de Francia, Francois Fillon y el de Países Bajos Mark Rutte. En 2012 entrará en servicio la segunda cañería, que completará el proyecto.

La capacidad del gasoducto supera los 55.000 metros cúbicos de gas a través de 1.224 kilómetros de tuberías

Ucrania y Polonia han protestado contra la construcción del gasoducto. El actual ministro de Exteriores polaco, Radoslav Sikorski, llegó a compararlo con el pacto con el que Hitler y Stalin se repartieron secretamente el territorio de Polonia en 1939. En Polonia, país miembro de la Unión Europea, se ha percibido la construcción de Nord Stream como un intento de marginación en las negociaciones sobre energía. Los polacos importan desde Rusia el 90% del gas que consumen. El gigante gasista ruso Gazprom, controlado por el Estado, cubre una cuarta parte de la demanda europea de gas.

La gran perjudicada es Ucrania, cuyos gasoductos pueden transportar hasta 150.000 metros cúbicos al año entre Rusia y la UE. Los ucranios pierden un medio para presionar a Rusia cuando renegocien los precios de la energía. En 2006 y en 2009, las autoridades de Ucrania cortaron en repetidas ocasiones el tránsito de combustible por su territorio, como medida de presión a Rusia en las llamadas guerras del gas. Además de quedarse sin esta herramienta de presión, Ucrania verá reducidos los considerables ingresos que le reportan las infraestructuras de transporte de gas.

La gran perjudicada es Ucrania, cuyos gasoductos llevan hasta 150.000 metros cúbicos al año de Rusia a la UE

Rusia ensalza la fiabilidad de la nueva infraestructura báltica. Dado que une directamente territorio ruso con territorio alemán, es obvio que no les van a cortar el suministro. No obstante, los rusos han negado repetidamente que su intención al proyectar Nord Stream fuera evitar el paso por Ucrania u otros países. Según avanzaba la construcción y cambiaba la situación política en ambos países, Polonia y Ucrania han sosegado sus críticas a Nord Stream. En Polonia, por la moderación del ejecutivo de Donald Tusk, que relevó a los derechistas en 2007. En Ucrania, por la llegada al poder del prorruso Víktor Yanukóvich el año pasado.

Se han producido las primeras tensiones entre Gazprom y las empresas importadoras. E.On y RWE , grandes conglomerados energéticos alemanes, mantienen tensiones con los rusos por el precio del combustible. Hay varios procesos en marcha que estudian posibles prácticas monopolistas de la empresa. Más de un tercio del gas que se quema anualmente en Alemania viene de Rusia. También la gasista polaca Pegenig mantiene un proceso contra Gazprom. Según datos recientes, la demanda de gas en Europa se ha frenado en los últimos años, debido sobre todo al enfriamiento económico.

En Alemania, las voces críticas señalan que el gasoducto agrava la dependencia energética del país respecto a Rusia

En Alemania, las voces críticas señalan que el nuevo gasoducto agrava la dependencia energética del país respecto a Rusia. El Gobierno de Merkel ha decidido este mismo año la desconexión definitiva de todas sus centrales nucleares antes de 2021. Así que la dependencia del gas aumentará previsiblemente. Gazprom, propietaria del 51% de Nord Stream, podría apuntalar así su preponderancia como proveedor de energía a centroeuropa. Las multinacionales alemanas E.On y BASF poseen cada una el 15,5% de la compañía. El otro 18% se lo reparten la la holandesa Gasunie y la francesa GDF Suez, a partes iguales.

La faraónica obra es fruto de un acuerdo firmado en 2005 el entonces presidente ruso Vladímir Putin y el predecesor de Merkel en la Cancillería, Gerhard Schröder. El socialdemócrata Schröder, que hoy es miembro del consejo de vigilancia de Nord Stream, participó hace dos meses junto a Putin (hoy primer ministro de Rusia) en la apertura simbólica del gasoducto. De momento solo a pasado el llamado gas técnico, con los que la compañía comprobó la fiabilidad de la instalación.

El factor ucranio explica el gran interés del Kremlin en diversificar las rutas de exportación, para lo cual también está trabajando en otro proyecto: el del gasoducto South Stream, gracias al cual el gas podrá llegar directamente al consumidor europeo a través del mar Negro. Con South Stream hay problemas: su costo, según el ministerio de Energía, se ha elevado a 20.000 millones de dólares, el doble de lo planeado inicialmente. Esto significa que se necesitarán muchos años para recuperar el dinero invertido y, según los expertos, el elevado coste puede ser un argumento a favor de Nabucco, el gasoducto rival que no pasa por territorio ruso y que cuesta 12.400 millones.