sábado, 10 de septiembre de 2011

¿Se viene otra guerra del gas?

Desde hace dos días está en marcha uno de los proyectos energéticos más controversiales de Europa: el primer gasoducto que unirá directamente a Rusia con los mercados de la Unión Europea sin atravesar países como Bielorrusia y Ucrania pero que, a la vez, podría desencadenar un nuevo conflicto energético.

El primer ministro de Rusia, Vladimir Putin, quien dio vía libre al gasoducto Nord Stream, no ocultó el significado de este proyecto para su país y resaltó que "paulatinamente nos estamos liberando del dictado de los países de tránsito".

La frase de Putin sobre sus países vecinos, y en especial sobre Ucrania, se da en un momento sensible.

El lanzamiento del gasoducto, que Ucrania rechaza, coincide con una etapa de tensiones entre Moscú y Kiev por los precios del gas y con una guerra de palabras de distintos funcionarios en los medios de comunicación locales.

Parece tan serio el distanciamiento entre las dos ex repúblicas de la Unión Soviética que ya algunos dicen, incluso, que podría desencadenarse un nuevo conflicto del gas, en alusión a la 'guerra' de 2009, cuando Rusia cerró la llave de sus gasoductos y al menos 12 países europeos se quedaron sin ese recurso natural en pleno invierno.

Las tensiones crecen

El lanzamiento del gasoducto que unirá Rusia con Alemania y los conflictos políticos entre Kiev y Moscú, que vienen desde hace bastante tiempo, parecen una simple coincidencia.

Pero el hecho de que Putin se haya referido en particular a los países de tránsito cuando hablaba sobre el gasoducto deja claro que, para los líderes rusos, el proyecto de Nord Stream está ligado al de la disputa por los precios del gas con Ucrania.

Hasta ahora, como le explicó a BBC Mundo el analista ruso de la agencia RusEnergy Mikhail Krutikhin, "sin Ucrania, Rusia no puede entregar todo el gas que le promete a Europa".

Como alrededor del 80% del gas ruso que llega a la Unión Europea debe atravesar Ucrania, uno de los intereses principales de Moscú es independizarse y diversificar las rutas, pero manteniéndose como principal proveedor para Europa.

Nord Stream es una respuesta concreta a esa preocupación.

En cambio, desde que Putin (entonces presidente) y el excanciller alemán Gerhard Schröder planearon Nord Stream en 2005, países como Ucrania y Polonia se han opuesto porque, al reducirse el tránsito de gas por su territorio, pierden no sólo dinero sino también influencia política.

Y, en el caso específico de Ucrania, perder dinero a causa del gas es una cuestión esencial, pues importa de Rusia el 60% del gas que necesita para su mercado interno y su economía (en particular sectores como la exportación de metales y químicos) depende de la importación de ese recurso natural.

Yanukovich

El presidente de Ucrania, Viktor Yanukovich, está convencido de que el precio que paga su país por el gas ruso es injusto.

Por eso, para Ucrania resulta tan relevante la disputa que tiene con Moscú por los precios del gas.

En concreto, Kiev considera que el precio que está pagando por el gas ruso, que fue acordado en 2009 tras la llamada 'guerra del gas', es injusto, más caro que el de otros consumidores y que le obliga a importar volúmenes de gas que exceden sus necesidades.

Rusia, por su parte, dice que está dispuesto a ceder si Ucrania acepta una de dos condiciones: que Ucrania haga parte de una unión aduanera que lidera Moscú (pero que para Ucrania es incompatible con la idea de hacer parte de una zona de libre comercio con la Unión Europea) o que Gazprom pueda adquirir una participación importante en la compañía ucraniana Naftogaz.

Esto para Ucrania resulta inaceptable. "En esto no hay un espíritu de socios. Es imposible. Es una política de anexión para incrementar la posición de monopolio que tiene Gazprom", le dijo a BBC Mundo el ucraniano Mykhailo Gonchar, quien trabajó para el Consejo de Seguridad Nacional de Ucrania y fue asesor del gobierno.

Ante esta situación, Kiev está dispuesta a llevar el contrato de 2009 a un tribunal de arbitramento en Estocolmo, Suecia, donde se correría el riesgo de que las relaciones entre los dos países se tornen aún más complicadas.

"No es un buen signo que cuando nosotros estamos mal, nuestros amigos se alegren", dijo el presidente ucraniano Viktor Yanukovich en una entrevista al diario ruso Kommersant.

Entonces, ¿se acerca otra guerra del gas?

El primer día del año 2009, Rusia cortó el suministro de gas a Ucrania ante la imposibilidad de definir el precio que Kiev debía pagar por el recurso ruso y el que Moscú debía pagar por el paso del gas por Ucrania.

Como Gazprom controla un tercio de las reservas mundiales de gas y suministra un cuarto del gas que necesita Europa, doce países europeos se quedaron, en pleno invierno, sin su suministro habitual.

No son pocas voces las que han advertido que, dadas las tensas relaciones actuales entre los dos países, un conflicto similar podría desencadenarse.

"Sí, creo que podría haber algún tipo una nueva 'guerra del gas', pero no lo conectaría directamente al gasoducto de Nord Stream", indica Krutikhin, quien añade que Rusia podría querer demostrar que el tránsito por Ucrania es inestable para fortalecer así el suministro alternativo por Nord Stream.

"El riesgo existe siempre, porque la política energética de Rusia está enfocada a crear inestabilidad", añade Gonchar. "La estrategia de Gazprom consiste en lograr el mayor beneficio económico posible y para ello genera más riesgos, pues los precios aumentarán cuando aumenta el riesgo".

Gonchar, sin embargo, hace una salvedad. "No creo que se genere un peligro serio para los consumidores europeos, pero sí un peligro serio para Ucrania".

gas pipeline

En 2009, una docena de países europeos se vieron afectados cuando Rusia cortó el suministro de gas por una pelea con Ucrania.

A diferencia de Krutikhin y Gonchar, otros analistas creen que la guerra del gas es una opción lejana e improbable.

"No creo (que ocurra)”, analiza Adnan Vatansever, del programa de Energía y Clima en el Carnegie Endowment for International Peace. "Casi siempre cuando se acerca el invierno hay este tipo de especulaciones sobre la posibilidad de que las tensiones escalen a un problema mucho más delicado".

"Hay razones para pensar que los dos países están cerca de negociaciones y tensiones mucho más serias, pero eso no significa que vayan a cortar el suministro de gas", agrega Vatansever.

Ante estas diferentes posibilidades, sólo falta esperar si crecen o se reducen las tensiones entre Rusia y Ucrania para saber si se mantiene como un problema bilateral o si escala a un conflicto de mayores proporciones.

Pues como concluye Vatansever, "que se interrumpa el suministro de gas dependerá de cómo se desarrollan las negociaciones".