domingo, 11 de septiembre de 2011

Rusia-Ucrania: grietas de la asociación estratégica

Moscú (PL) A punto de poner en marcha al gasoducto Torrente norte, Rusia se presenta con ventajas para discutir con Ucrania la cooperación gasífera, cuyas diferencias abren grietas en la asociación estratégica bilateral.

El primer ministro ruso, Vladimir Putin, inauguró la subestación Portavaya, en la frontera con Finlandia, para iniciar la llegada del gas a la tubería que pasa por el fondo del Mar Báltico y llega directamente a Alemania, sin intermediarios.

Tal paso pone en mejor posición a Moscú para negociar con Kiev las condiciones de compra-venta del gas y aleja las posibilidades del efecto de una guerra gasífera como las observadas en años anteriores, cuando la parte ucraniana cerró el grifo para el paso a Europa.

Hasta el momento, por el sistema de gasoductos ucraniano pasaba casi el 80 por ciento del volumen total del gas exportado por Rusia a Europa, pero ahora la situación cambia para ambas partes.

En Ucrania, la presión se inició con la apertura de un proceso contra la ex primera ministra Yulia Timoshenko por abuso de poder al firmar un acuerdo en enero de 2009 con Putin que causa grandes pérdidas al Estado.

Al respecto, el presidente ucraniano, Viktor Yanukovich, declaró al diario ruso Kommersant que su país pierde entre cinco y seis mil millones de dólares por las desfavorables condiciones que impuso el contrato firmado en 2009, efectivo por 10 años.

En una década, el estado ucraniano habrá perdido por la referida causa unos 60 mil millones de dólares, es decir, el 20 por ciento del presupuesto estatal, lo cual constituye un verdadero lastre para la economía del país, consideró.

Yanukovich expresó serias dudas sobre el mecanismo de formación de precios para la venta del gas ruso a su país.

En ese sentido, señaló que su nación pagaba más que otras europeas como Alemania, por ejemplo.

Pero el director ejecutivo del consorcio ruso Gazprom, Alexander Miller, recordó que existen contratos con la parte germana para el transporte del gas a otros estados de Europa, y Rusia es propietaria de varias redes de gasoductos en esa nación, a diferencia de Ucrania.

El Kremlin considera que Kiev debe definir posiciones y aclarar si esta dispuesto a ingresar a la Unión Aduanera, formada por Rusia, Kazajstán y Belarús, aunque Ucrania explica que le sería difícil, pues es un país que pertenece a la Organización Mundial de Comercio (OMC).

Yanukovich declaró recientemente que Kiev tenía como uno de sus objetivos prioritarios la unidad con el resto de Europa, sin perder sus vínculos con Rusia, con la cual mantiene un intercambio comercial de casi 50 mil millones de dólares.

Analistas locales consideran que el diferendo en torno a los precios del gas se agravó, sobre todo, después que el presidente ucraniano no definió una posición completamente a favor de su cooperación con Rusia en sus perspectivas de política comercial.

Cabe recordar que en mayo pasado, Yanukovich y su similar ruso, Dmitri Medvedev, firmaron un apresurado acuerdo para la rebaja de 100 dólares por cada mil metros cúbicos en el precio del gas vendido a Ucrania, lo cual fue calificado por Moscú de subsidio.

Paralelo a ello, Kiev autorizó la estancia por casi otro medio siglo de la flota rusa del Mar Negro en la base naval de Sevastopol.

Sin embargo, la parte ucraniana destaca que desde los cerca de 97 dólares por cada mil metros cúbicos establecidos para inicios de 2007, la tarifa del gas creció vertiginosamente, según la fórmula del acuerdo de 2009 y este año concluye a más de 350 dólares.

Para el año próximo la referida cifra deberá situarse en unos 400 dólares por cada mil metros cúbicos, mientras el precio del tránsito de mil metros cúbicos por cada 100 kilómetros de gasoducto quedó casi congelado, al contrario de naciones como Polonia, señalan expertos.

En ese sentido, la prensa rusa señala que Polonia, Turquía, Hungría y Rumania, entre otros, pagan iguales o mayores tarifas que Ucrania.

Para que Kiev acceda a algún tipo de descuentos, Moscú sugiere la fusión de Gazprom con la ucraniana Naftogaz o la entrada de su vecino a la Unión Aduanera. Kiev no admite ninguna de las dos variantes.

Al mismo tiempo, el gobierno ucraniano pone en práctica un ambicioso plan de modernización de sus minas de carbón para elevar la producción de ese material combustible y con ello reducir en tres veces la compra de gas a Rusia.

Para este año, Ucrania debía comprar 30 mil millones de metros cúbicos, pero apenas llegará a los 20 mil millones después de las referidas reducciones. Moscú recuerda que para el incumplimiento de los volúmenes de compras también se prevén sanciones.

El ministro ruso del Exterior, Serguei Lavrov, se pronunció por el respeto de Ucrania a todas sus obligaciones internacionales, tras reunirse con su similar del país vecino, Konstantin Grischenko.

Además, Miller advirtió a Kiev que es libre de hacer o reorganizar a la compañía Naftogaz como le plazca, pero el contrato de 2009 aclara que la parte ucraniana siempre deberá nombrar una nueva compañía heredera que asume los compromisos contraídos hace dos años.

De su lado, el primer ministro ucraniano, Nicolai Azarov, aclaró que nadie podía esperar una llamada guerra del gas entre Ucrania y su socio estratégico ruso, como ocurrió en épocas anteriores.

Pero Azarov reiteró las preocupaciones sobre la presión económica que ejerce la existencia de altos precios para el gas en el bienestar del ciudadano de la ex república soviética.

Los reclamos de Ucrania, que como país miembro de la OMC aclara sus posibles contradicciones con la entrada en la Unión Aduanera, están dados en parte por las propias acciones de naciones de la UE.

Según el diario Nezavisimaya Gazeta, algunos estados europeos discutieron en los tribunales las condiciones de los acuerdos firmados con Rusia al señalar que en épocas de crisis es diferente la posibilidad de pago y las necesidades del consumo de gas ruso.

Kiev esperaba el apoyo de la UE, pero el proceso abierto contra la prooccidental y una de los héroes de la llamada Revolución naranja, la ex primera ministra Yulia Timoshenko, precisamente por abuso de poder al firmar el acuerdo de 2009, tuvo un efecto contrario.

El caso de Timoshenko es visto en Europa como un abuso de la justicia ucraniana por lo que Ucrania ahora debe lidiar con las críticas de sus vecinos occidentales y la intransigencia rusa para negociar el acuerdo firmado hace tres años.

De acuerdo con Lavrov, su país esta dispuesto a llevar el caso, si fuera necesario, a un tribunal internacional, un asunto que está lejos de reducir la recién abierta grieta en las relaciones estratégicas ruso-ucranianas.

* Corresponsal de Prensa Latina en Rusia.